La IA ayuda a los científicos, pero hiere a la ciencia
Tras analizar más de 40 millones de artículos académicos (los papers de toda la vida), un grupo de investigadores chinos y estadounidenses ha descubierto que los científicos que utilizan herramientas de IA, publican muchos más artículos, acumulan más citas y alcanzan posiciones de liderazgo antes que los que no las usan. Pero, al tiempo que se multiplican las referencias, la ciencia como conjunto, encoje su curiosidad.
La investigación con IA cubre menos temas nuevos y establece menos relaciones entre los diferentes estudios que se publican.
El estudio muestra también una diferencia importante entre el desarrollo de carreras/currículums personales y el progreso científico colectivo.
El uso de ChatGPT o Alphafold parece premiar escala y velocidad, pero no desemboca en resultados que puedan sorprender. De alguna forma, se está rascando el mismo agujero. Cierto que cada vez más profundo, pero el mismo.
Otros estudios indican cómo la tendencia en muchos campos es la de disminuir la ratio de innovación conceptual, incluso cuando “explota” la producción de papers.
Los científicos que adoptan la IA publican, de media, tres veces más artículos, reciben cerca de cinco veces más citas y alcanzan posiciones de liderazgo uno o dos años antes que sus colegas sin el apoyo de la IA. Pero cuando se observa esa situación desde un plano más general, esas investigaciones representan una huella intelectual más reducida.
Ese “estrechamiento intelectual” no es la única consecuencia indeseada. Disponer de esas herramientas automáticas lleva consigo una facilidad importante para producir manuscritos, guiones para conferencias y editoriales periodísticos. Curiosamente, los organizadores de eventos están dando testimonio de un claro incremento en el número de artículos fraudulentos y de baja calidad, a menudo creados ya a escala industrial.
O sea que ¡al loro!