DUMBO

Habida cuenta de la proliferación, hace todavía muy pocos años, de incendios en nuestro sector de los data centers, llevaba tiempo sin tratar el tema del origen eléctrico de los incendios en su consideración más general, en concreto desde el caso de Nôtre Dame en París. Lamentablemente, la actualidad nos pone de nuevo sobre el tapete ese, más o menos, estrecho vínculo.

En tiempos de canícula, y cada año, y nunca mejor dicho, con mayor ardor y fogosidad, comienza el contaje de incendios forestales sobre los que, según lo publicado por los responsables de distintas organizaciones relacionadas con el asunto, ha existido en los tiempos recientes un buen porcentaje en el que el fuego era provocado.

Por ello, me ha resultado curioso observar cómo, en el reciente caso de “Los Gallardos”, el dedo ha apuntado rápida y directamente hacia una línea eléctrica como foco inicial del siniestro (“los expertos de la Junta de Andalucía, así como los de la Guardia Civil, han apuntado al tendido eléctrico como posible foco del fuego. En especial, a la caída de un poste de la luz”).

He manifestado en múltiples ocasiones que las instalaciones eléctricas suponen la principal causa de los fallos catastróficos en edificios y que su relación con los incendios es muy directa. Ello no entraña dudas entre los que nos movemos en este entorno (como ejemplo, recordar que el reglamento de baja tensión americano, el NEC, lo gestiona nada más y nada menos que la NFPA). Sin embargo, al ampliar el campo de aplicación, las responsabilidades se diluyen.

En una instalación al uso, el origen más habitual de “incendio eléctrico” es la falta a tierra sin protección adecuada, es decir, tener la posibilidad de que una falta con arco eléctrico pueda permanecer sin que se corte la línea afectada y ello derive en que esa energía de activación encuentre en el aire un buen elemento comburente y se propague a través de un elemento combustible próximo. Llevamos muchos años analizando siniestros y el modelo se repite de forma inexorable y recurrente.

No soy experto en líneas y redes, pero entiendo que, en lo referente al caso de actualidad, hay elementos comunes de aplicación inmediata y de lo que se trata aquí es de identificar cuál ha sido la energía de activación.

En el caso de que la suposición de la línea como origen del problema sea cierta, el arco inicial (la chispa) puede provenir de cualquier escenario en el que se haya sobrepasado la rigidez dieléctrica entre conductores o entre alguno de estos y otro elemento conectado a tierra.

Por ello, es de capital importancia mantener las distancias de seguridad, impidiendo que éstas se acorten y que, con ello, cualquier alteración por pandeo de línea, viento, proximidad de arbolado o la simple contribución de un ave cuya envergadura sea importante, se pueda generar ese arco inicial. Incluso si se produce la caída de un poste, que los elementos de protección actúen con la suficiente rapidez, aunque, en términos generales, las compañías tienden a limitar las corrientes de defecto a tierra de manera que el tiempo de corte no necesite ser extremadamente corto, pudiendo así garantizar una continuidad en el suministro ante faltas de tipo transitorio (por ejemplo, una rama impulsada por el viento).

En cualquier caso, existen recursos para hacer un buen control de situación (algunas compañías utilizan drones para identificar puntos de riesgo), pero lo que es incuestionable es que la inversión en mantenimiento es aquí también, un complemento fundamental.

A la hora de escribir estas líneas, aún falta mucha información por aparecer, y mucho me temo que, si no ha empezado ya, en breve asistiremos a otra suerte de “ceremonia de la confusión”. De momento:

Endesa ha asegurado que el cable que supuestamente se ha caído no tenía tensión

En tanto podamos disponer de más datos que puedan cerrar la investigación, e independientemente de que todos los dedos apunten a la caída de un poste, voy a cerrar estos comentarios haciendo alusión a una de las alternativas que se habían considerado y sobre la que el debate ya está abierto. Se trata de la posibilidad de que un ave, en concreto alguna cigüeña, se pueda provocar sucesos como el analizado aquí.

Las aves de pequeña envergadura pueden colocarse perfectamente sobre un tendido eléctrico siempre y cuando lo hagan sobre una sola de las líneas. Sin embargo, cuando la envergadura crece, aparecen los problemas, siendo numerosos los casos de águilas, buitres, etc., que han sufrido graves “accidentes eléctricos” (he visitado en alguna ocasión un centro de rehabilitación donde ejemplares de estas especies se recuperan de sucesos de estas características)

Por último, con el máximo respeto hacia las víctimas y sus familiares, y sin intención alguna de banalizar los hechos, he recordado una escena de la película Dumbo, en la que el elefantito, justo cuando descubre que es capaz de volar, lo primero que hace, es posarse en un tendido de la luz, y no en una sola de las líneas, sino cortocircuitando claramente los cuatro conductores.

 

DUMBO

La línea de Endesa no lo sé, pero

¡la de Dumbo sí que estaba sin tensión!