La continua paradoja

El jueves 5 de octubre tuvo lugar, en la localidad burgalesa de Briviesca, un nuevo encuentro de todos los integrantes de la plantilla de PQC España.

Esta reunión, que nació hace un año como venganza para con los tiempos de confinamiento y otras restricciones que habíamos sufrido anteriormente, se ha convertido ya en un clásico dentro del calendario anual. Ese día, se aparcan por unas pocas horas los múltiples trabajos en curso, para darle prioridad a temas más generales, para planteamientos de interés a futuro y, sobre todo, para buscar un espacio de confraternización.

Llegados desde Barcelona, Bilbao y Madrid los asistentes pudieron pasar un buen rato con los colegas de las otras sedes y, además, los más nuevos en la casa pudieron “poner cuerpo” a quienes hasta ahora solamente eran un simple busto parlante en Teams.

Ah, por cierto, como siempre, la morcilla de El Vallés formidable.

Hace unos días, en una presentación sobre el Edge Computing, incluí un dato muy reciente sobre los retrasos en la atención a los ciudadanos estadounidenses que habían perdido su trabajo con ocasión de la pandemia que nos está afectando. Resulta que los sistemas de procesamiento de la información, ni más ni menos que en 19 estados, han quedado obsoletos y, por tanto, incapaces de atender la punta de demanda que ha supuesto la situación advenida, dándose además la circunstancia de que, algunos de ellos, han necesitado reclutar a antiguos programadores de Cobol para poder “levantar” los servicios.

Que el país, reconocido como la punta de lanza mundial en materia de tecnología, esté sujeto a estas mundanas vicisitudes no deja de sorprendernos, pero cuando compruebas cómo las elecciones celebradas hace un par de días, consideradas como las más importantes a nivel mundial, no disponen aún de un resultado mínimamente fiable, pasamos directamente de la paradoja continua a una antilogía como un piano.

Por ello, como conclusión, sin el más mínimo rubor y para dejarlo todo lo suficientemente claro, podemos rescatar aquella famosa frase del expresidente mexicano López Portillo, cuando decía que todo esto:

 “Ni nos afecta, ni nos beneficia, antes bien todo lo contrario”.

¡Ahí queda!


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